Incrementar la diversidad social y cultural del profesorado para mejorar las oportunidades del alumnado minorizado

26.10.2022
Seth Gershenson
Michael Hansen
Constance A. Lindsay
Incrementar la diversidad y la representatividad social en los docentes puede ser una palanca clave para reducir las desigualdades entre los resultados educativos del alumnado con situaciones socioeconómicas más y menos favorecidas. Porque ofrece referentes positivos de identificación a los colectivos minorizados, y porque de este modo se garantiza una atención educativa con menos sesgos y prejuicios.

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Incrementar la diversidad y la representatividad social en los docentes puede ser una palanca clave para reducir las desigualdades entre los resultados educativos del alumnado con situaciones socioeconómicas más y menos favorecidas. Porque ofrece referentes positivos de identificación a los colectivos minorizados, y porque de este modo se garantiza una atención educativa con menos sesgos y prejuicios.

Si bien Seth Gershenson, Michael Hansen y Constance A. Lindsay aportan aquí pruebas de los beneficios de una política de diversificación docente para el caso de la comunidad no blanca de Estados Unidos, una parte importante de sus conclusiones nos hace reflexionar sobre los impactos que podría tener en Cataluña un esfuerzo para incrementar el porcentaje de docentes pertenecientes a colectivos inmigrantes o a grupos étnicos minorizados.

Priorizar la diversidad entre el profesorado para abordar las injusticias raciales

Seth Gershenson, Michael Hansen, Constance A. Lindsay

Prioritize educator diversity to address racial injustices

(Este artículo contiene enlaces en inglés)

28/02/2022

Durante el último mes, los maestros de escuela han copado los titulares de las noticias. Tras la ola de la variante ómicron, muchos profesores, padres y equipos directivos escolares están exhaustos. Tanto si es por la necesidad de tener que adaptarse a toda prisa a los nuevos protocolos de seguridad o de tener que encontrar a alguien que cuide de los niños cuando las escuelas cierran a causa de los brotes de covid-19 o de condiciones climatológicas adversas, por la creciente presión externa sobre qué se debería enseñar en las escuelas públicas (y cómo), o simplemente por la práctica imposibilidad de encontrar tiempo para descansar y recargar energías en este segundo año de una pandemia aparentemente implacable, todo aquel que tiene un papel en el cuidado y la educación de los niños está estresado. Sin duda, ya hace tiempo que la de maestro es una profesión que debe afrontar un número excepcional de retos; la tormenta perfecta que ha supuesto la reciente pandemia, un clima político cada vez más hostil y partidista, y un clamor general para que se pasen cuentas por las injusticias raciales no han hecho más que amplificar estos retos.

Todo ello ha extendido el temor a que se produzca un éxodo masivo de la profesión. De momento, la preocupación procede de determinadas anécdotas y de los resultados de algunas encuestas sobre los planes de futuro de los maestros, y no de una deserción real de la profesión. Aun así, el déficit de profesorado en determinadas asignaturas o áreas es muy real, como también lo son las graves carencias que últimamente se han registrado de personal de apoyo y profesores substitutos. Y teniendo en cuenta que febrero ha sido el Mes de la Historia Negra y que la pandemia ha perjudicado de forma desproporcionada a muchas comunidades negras y otras comunidades no blancas, conviene subrayar que desde hace tiempo también hay una grave falta de maestros de raza negra en este país.

Ahora que todos los estados y distritos de Estados Unidos debaten cómo contratar y retener a un cuerpo docente efectivo y empiezan a prepararse para el nuevo curso, deberían priorizar el hecho de tener una plantilla de educadores que sea representativa de toda la demografía del alumnado de las escuelas públicas del país. Como referencia, cabe destacar que algo más del 50% de todo el alumnado es de origen racial no blanco, mientras que entre los maestros solo lo es el 20%, aproximadamente. La situación actual, en la que algunas escuelas reciben abundante financiación federal y están desarrollando estrategias para la recuperación pospandémica, representa una oportunidad para diversificar el cuerpo docente demasiado buena como para dejarla pasar.

Para aprovecharla, tenemos que reconceptualizar la diversidad y la representatividad como dos de los muchos atributos que contribuyen a la calidad del cuerpo docente. Esta idea tan sencilla es la tesis que defiende nuestro libro Teacher Diversity and Student Success (Diversidad del cuerpo docente y éxito escolar), publicado en Harvard Education Press. En el libro, presentamos varios argumentos que justifican por qué es imperativo esforzarse en mejorar la contratación y la retención de un cuerpo docente diverso y representativo, una iniciativa que, a causa de la pandemia, es si cabe más urgente.

  • El color de los docentes puede tener un impacto duradero en los estudiantes no blancos. Hay rigurosas evidencias procedentes de muchos contextos que demuestran que, con docentes no blancos, los resultados del alumnado mejoran tanto a corto plazo (p. ej., los resultados de los exámenes y el índice de expulsiones) como a largo plazo (p. ej., el índice de graduación en el instituto y la aspiración de ir a la universidad). Durante la pandemia, los estudiantes de etnias no blancas han tenido menos acceso a la educación presencial y han ido quedando todavía más atrás respecto a sus compañeros blancos. Proporcionar acceso a un profesorado diverso y de calidad puede ser una herramienta tan importante para la recuperación del aprendizaje como las clases de refuerzo o las clases de verano.
  • El profesorado no blanco contribuye a crear un funcionariado escolar representativo. Los profesores de etnias no blancas se convierten en líderes de color, y las escuelas y los distritos con plantillas y liderazgos más representativos están vinculados con una reducción de la brecha en los resultados de los exámenes y con un aumento de la implicación de las familias entre las comunidades no blancas. Un liderazgo más representativo será la clave para garantizar que los fondos para la recuperación pospandémica realmente vayan dirigidos a las comunidades más perjudicadas durante los últimos años.
  • El profesorado no blanco contribuye a promover la tolerancia entre el alumnado. La exposición a una plantilla docente étnica y racialmente diversa ayudará a todo el alumnado, independientemente de su origen, a empezar a colaborar con personas de origen distinto al suyo, y también a humanizarlas. Ver a otros grupos de personas como aliados, en lugar de verlos como amenazas, es una competencia de carácter que ahora mismo necesitamos más que nunca, después de una pandemia que ha reforzado más si cabe las actitudes partidistas y raciales, ya muy polarizadas.

Compartimos la visión de todos los grupos de apoyo, sistemas escolares y agencias gubernamentales que en estos últimos años han hecho llamamientos a incrementar la diversidad entre los educadores. Pero nuestro llamamiento es singular, en el sentido de que va más allá de las cifras. Consideramos que aumentar la representación racial entre el cuerpo docente es una condición necesaria pero no suficiente para garantizar el éxito escolar.

También defendemos políticas que promuevan una mayor integración de los profesores de etnia no blanca en todo el abanico de contextos escolares para así garantizar que todos los alumnos tengan acceso a un cuerpo docente diverso, y políticas que ayuden a la mayoría del profesorado blanco a acercarse a los estudiantes de otras etnias que tiene en sus aulas. Estos objetivos adicionales son fundamentales. De lo contrario, el llamamiento a incrementar la diversidad del cuerpo docente podría convertirse, sin quererlo, en un caballo de Troya que acabe conduciendo a la segregación de docentes en escuelas segregadas.

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